“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en
Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos”
Gálatas
3:26-27
Introducción:
Aunque
recordamos la Reforma a la hora de reflexionar sobre nuestros orígenes
nos afirmamos en reconocer que, siendo la nuestra una preciosa historia de
fidelidad testimonial y bíblica, nuestra razón de ser hoy no depende de una
sucesión histórica, sino de una relación neo-testamentaria.
Nuestra
pregunta para hoy no es: ¿De dónde vinimos?, si no ¿son los nuestros, hoy,
principios y doctrinas que tenían los apóstoles y las iglesias cristianas del Nuevo
Testamento? Y gozosamente descubrimos que así es.
La
situación de Pérgamo, Iglesia que se encuentra en el contexto de nuestra
lectura devocional, nos sirve de fondo para ilustrar los tiempos de la reforma
y los tiempos de hoy.
En Pérgamo:
1. Era difícil
ser cristiano (lo fue en los tiempos de la reforma y lo es hoy).
2. Ante tanto
paganismo e incredulidad hubo cristianos que “ retuvieron la fe ”,( lo fue en
tiempos de la reforma y lo es hoy también).
Consideremos el hecho
Retener el nombre…, identificado como no negar la fe.
Jesús:
Salvador, Ungido, significa su persona, su obra, su carácter. La fe se centra en Cristo para todo, así que retener
el nombre de Dios es mantener la fe.
¿Cómo es negada la fe?
Cuando
nunca la confesamos, cuando se cede a las pasiones o nos movemos al son de los
estados de ánimo, se niega la fe cuando el hombre se olvida o se separa del
pueblo de Dios.
¿Cómo podemos decir que retenemos el nombre de Cristo y la fe?
Cuando nos
sometemos de corazón e intelecto a las enseñanzas del Señor, cuando le confesamos
en todas circunstancias.
Avancemos un poco más profundamente
¿Qué quiere decir retener el nombre
de Jesús?
Retener su
divinidad, retener su realeza y retener su poder salvífico; para retener la fe
argumentamos que: no hay razones para negarla, no hay argumentos para
rechazarla. Si negamos la fe, ¿Qué podemos poner en su lugar?
Razones prácticas para tener a Dios
y la fe
Para
nuestro bien personal la fe en Jesucristo es el consuelo del pasado, del
presente y del futuro, es el perdón, la confianza, y la razón de la esperanza
del creyente. Es el alimento del alma, la fortaleza del corazón y la vida ante
la muerte. Es el poder para cada día.
La terminación de la carta a Pérgamo
habla de “el que venciere”. Y es que el que retiene el nombre del Señor y cree
en Él tiene vida eterna. La fe salvífica, es la total confianza del hombre en
Cristo. El ejemplo predilecto de la fe es ABRAHAM (Génesis 15-6) salió de UR
sin saber a dónde Dios lo llevaba ,creyó que iba a tener un hijo pese a su edad
avanzada y cuando Dios le pidió sacrificar a ese hijo, no se opuso.
Cristo es
el autor y consumador de la fe y obra en nosotros por su Espíritu Santo. Amén.
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