viernes, 6 de junio de 2014

En el principio: Dios

Todo fue creado por Dios de acuerdo con el orden y el propósito de sus designios divinos

                Toda persona, aunque sus ratos de meditación no sean muchos ni muy frecuentes, se pregunta alguna vez quién creó todas las cosas, cómo llegaron éstas a ser, quién las puso en movimiento, y otras preguntas semejantes. El mundo es tan maravilloso en su orden, tan bello en sus manifestaciones naturales, tan complejo aún en las partes que parecen más elementales, qué tal parecería que nadie pudiera negar la intervención de un Dios omnipotente y de orden.

                Dios crea el universo:
                (Génesis 1:1) Moisés sin discutir un asunto, simple y majestuosamente establece que Dios es, y que es creador  del universo. La idea de Dios es el centro del universo espiritual. La palabra traducida Dios es Elohim, que es plural en número, algunos piensan que ésta es una referencia a la Trinidad. Otros versículos parecen enseñar que hay diálogo y consejo en Dios mismo. (Génesis 1:26 “Hagamos al hombre a nuestra imagen”, Génesis 3.22; “El hombre es como uno de Nosotros”). Aunque no pueda probarse que la palabra traducida creó significa etimológicamente “crear de la nada”, sin embargo, sea cual sea su origen y etimología, nunca se usa sino para referirse al acto de Dios. (Génesis 1:2) De este versículo en adelante la narración tiene que ver con la tierra solamente, que existía en un estado de caos. No precisamente en desorden y confusión sino en una condición primitiva sin ninguna criatura viviente y sin que un elemento fuese distinto de los otros. Los materiales estaban allí todos, pero en estado latente. Y el Espíritu de Dios cobija la faz de las aguas como para vivificarlas y, después de los actos creadores de Dios, convertir el caos en un cosmos, un mundo de maravillas. Se movía ocurre también en Deuteronomio 32:11, en donde se aplica a un águila revoloteando sobre sus pollos.
En el origen de este vasto universo está el Espíritu vivificante que conoce y ordena todo el cosmos. Esta convicción nos hará ver el mundo no como algo frío e impersonal en el cual la materia es suprema, sino como el hogar que el Padre nos ha provisto.
Y Dios dijo: sea la luz, y fue la luz. En este hablar de Dios se ve el poder legislativo y el poder ejecutivo de su voluntad. Se despeja toda noción de materia ciega y de fatalismo: revela un poder iluminado, un pensamiento benévolo e inteligente. La luz es obra de una voluntad libre e inteligente, es elemental como distinta de “las lumbreras”, cuerpos de luz como el Sol, la Luna y las estrellas, creadas al cuarto día. Es condición fundamental para toda la vida orgánica del mundo, y sin la luz y calor que despide no habría planta ni animal que pudiera vivir. En Génesis 1:6 Dios realiza la división de la masa caótica de aguas mediante la formación de la expansión o firmamento. Se le compara con “una cortina” (Salmos 104:2; Isaías 40:22); un embaldosado de zafiro (Éxodo 24:10), “un espejo fundido” (Job 37:18). Génesis 1:14 nos anuncia que la tarea de las luminarias están bien definidas: a) Separar el día de la noche; b) Servir de señales para las estaciones; y c) Para señalar días y años. El quinto día creó Dios los monstruos marinos y toda ave alada según su especie. El día sexto fue ocupado en la creación de todos los animales de la tierra y el ganado según su especie y todo ello era bueno.

                Dios crea al hombre:
                Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. La imagen y semejanza tienen que ser en virtud de la espiritualidad de Dios afirmada en muchos pasajes de la escritura (Deuteronomio 4:12; Isaías 40:18,25; Juan 4:24), la naturaleza espiritual del hombre: la posesión de una naturaleza racional, su naturaleza moral, su naturaleza emocional y la posesión. Además, esa imagen incluye su capacidad para hacer decisiones y escoger su libertad. No debe olvidarse que el hombre fue creado inocente, libre de pecado y gozando de una santidad no sujeta a prueba todavía.

                Dios descansa de su obra creadora:
                Fueron, pues, acabados los cielos y la Tierra y el ejército de ellos. Este versículo recapitula todo lo narrado en el capítulo primero. La palabra ejército (hueste) se refiere poéticamente a los cuerpos celestiales, en nuestro sistema colocados todos ellos por la sabiduría divina. Dios terminó su obra creadora en el sexto día; y reposó ese día de toda obra que hizo. Reposó significativamente para cambiar de actividad. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17).
Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó. El día de reposo fue hecho por causa del hombre (Marcos 2:27,28) a fin de que descansara de sus labores de seis días y dedicará ese tiempo para adorar al Señor.

El principio fundamental  de esta santificación del día es: “Hombre, acuérdate que eres un ser espiritual. Por tanto, separa tiempo para atender propiamente a esa naturaleza espiritual tuya”. Amén.

El libro abierto

“Y abrí mi boca y me hizo comer aquel gran rollo”

El libro o rollo abierto es sin duda la Palabra de Dios. Toda la descripción pone de relieve la majestad, el poder y la autoridad de este mensaje celestial:
“Envuelto en una nube”. Las nubes son la carrosa de Dios (Salmo 104:3).
“El arcoíris sobre su cabeza”. El arco es la decoración del trono de Dios (Ezequiel 1:28)
“Su rostro era como el Sol”. Como el rostro de Jesús transfigurado (Mateo 17:2)
“Su voz como el rugido de un león” (Versículo 3, Oseas 11:10). También el trueno es una descripción poética de la voz de Dios (Salmos 29). Había un misterio que iba a ser desvelado en el tiempo de Dios.
                La Palabra de Dios, un libro abierto
Uno de los métodos de interpretación del Apocalipsis, el llamado “histórico-continuo” considera que este capítulo comenzó a cumplirse en el siglo XVI con la reforma religiosa que se inició en Alemania con las “noventaicinco tesis” que Marín Lutero clavó en las puertas de la iglesia de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517, protestando contra la venta de indulgencias. La verdad es que aquella fue una época de la Biblia abierta.
La iglesia la había ocultado, muchos pagaron con sus vidas el delito de leerla, sin embargo, la reforma devolvió la vida al pueblo y proclamó el derecho individual al juicio privado o libre examen (Hechos 17:11). La historia moderna es época de la Biblia abierta, que ha traído como resultado la libertad, las instituciones democráticas, las reformas sociales y la educación popular; El ilustre educador y ex-presidente argentino Sarmiento dijo: “La lectura de la Biblia echó los cimientos de la educación popular que ha cambiado la faz de las naciones que la poseen”.
                La iglesia de la Biblia abierta dejó de ser una institución autocrática y dogmática para convertirse en instrumento de la voluntad de Dios. La lectura de la Biblia dejó de ser privativa de los teólogos para ser posesión común de todos los creyentes.
Hoy, gracias a los reformadores, tenemos la Biblia en el lenguaje del pueblo y al alcance del mismo. La Sociedades Bíblicas han hecho una maravillosa contribución en este sentido. La Iglesia debe ofrecer la Biblia “abierta” accesible a través de mensajes, estudios y cursos.
                La Palabra de Dios asimilada
Juan comió el libro (Ver. 9 & 10), dirigió el mensaje, lo incorporó a su vida, lo hizo parte suya (Ezequiel 3:1-3).
Los reformadores se nutrieron de la Palabra de Dios: Cambiaron la fe dogmática en fe viva, cambiaron la jerarquía eclesiástica en el sacerdocio universal de los creyentes, cambiaron la autoridad absoluta del papa por la autoridad de la Biblia, cambiaron el despotismo de Roma por la libertad espiritual. Los reformadores podían predicar con poder (Ver. 11): - Tenían la Palabra en la mente y el corazón, por eso podían llevarla a los labios –Al descubrir la Biblia y sus verdades, descubrieron también a la persona de Cristo; tenían una experiencia personal
                La Palabra de Dios, dulce y amarga
-          En un sentido es dulce (Salmos 19:10): por sus bendiciones. Por el gozo de la revelación y el privilegio de la comunicación, esto es lo que sostuvo a los reformadores, la inquisición con todos sus métodos de exterminio: las hogueras, las dragonadas, las tortugas en cárceles, etc.; no pudieron apagar el fervor con que se anunciaba su mensaje.
-          En otro sentido, es amarga: Juan tuvo que anunciar: Los impíos sufrirán calamidades, la iglesia sufriría por no estar en convivencia por el poder imperial y Roma sufriría calamidades naturales y finalmente su destrucción; luego padeció muchas amarguras Lutero por causa de su fe.


Conclusión: La Palabra está abierta, al alcance de todos, quien la predica debe asimilarla primero. Para el oyente es Palabra de salvación, pero también de condenación (Juan 3:36). Puede ser dulce para ti si la aceptas o amarga, de juicio, si la rechazas. Amén.

Firmeza en la fe

“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”
                                         Gálatas 3:26-27

Introducción:
Aunque recordamos la ­Reforma a la hora de reflexionar sobre nuestros orígenes nos afirmamos en reconocer que, siendo la nuestra una preciosa historia de fidelidad testimonial y bíblica, nuestra razón de ser hoy no depende de una sucesión histórica, sino de una relación neo-testamentaria.
Nuestra pregunta para hoy no es: ¿De dónde vinimos?, si no ¿son los nuestros, hoy, principios y doctrinas que tenían los apóstoles y las iglesias cristianas del Nuevo Testamento? Y gozosamente descubrimos que así es.
La situación de Pérgamo, Iglesia que se encuentra en el contexto de nuestra lectura devocional, nos sirve de fondo para ilustrar los tiempos de la reforma y los tiempos de hoy.
En Pérgamo:
1.      Era difícil ser cristiano (lo fue en los tiempos de la reforma y lo es hoy).
2.      Ante tanto paganismo e incredulidad hubo cristianos que “ retuvieron la fe ”,( lo fue en tiempos de la reforma y lo es hoy también).
Consideremos el hecho
Retener el nombre…, identificado como no negar la fe.
Jesús: Salvador, Ungido, significa su persona, su obra, su carácter. La fe se  centra en Cristo para todo, así que retener el nombre de Dios es mantener la fe.
¿Cómo es negada la fe?
Cuando nunca la confesamos, cuando se cede a las pasiones o nos movemos al son de los estados de ánimo, se niega la fe cuando el hombre se olvida o se separa del pueblo de Dios.
¿Cómo podemos decir que retenemos el nombre de Cristo y la fe?
Cuando nos sometemos de corazón e intelecto a las enseñanzas del Señor, cuando le confesamos en todas circunstancias.
Avancemos un poco más profundamente
            ¿Qué quiere decir retener el nombre de Jesús?
Retener su divinidad, retener su realeza y retener su poder salvífico; para retener la fe argumentamos que: no hay razones para negarla, no hay argumentos para rechazarla. Si negamos la fe, ¿Qué podemos poner en su lugar?
Razones prácticas para tener a Dios y la fe
Para nuestro bien personal la fe en Jesucristo es el consuelo del pasado, del presente y del futuro, es el perdón, la confianza, y la razón de la esperanza del creyente. Es el alimento del alma, la fortaleza del corazón y la vida ante la muerte. Es el poder para cada día.

            La terminación de la carta a Pérgamo habla de “el que venciere”. Y es que el que retiene el nombre del Señor y cree en Él tiene vida eterna. La fe salvífica, es la total confianza del hombre en Cristo. El ejemplo predilecto de la fe es ABRAHAM (Génesis 15-6) salió de UR sin saber a dónde Dios lo llevaba ,creyó que iba a tener un hijo pese a su edad avanzada y cuando Dios le pidió sacrificar a ese hijo, no se opuso.

Cristo es el autor y consumador de la fe y obra en nosotros por su Espíritu Santo. Amén.

El fundamento de la ética personal

”La conducta y las actitudes de un creyente revelan la profundidad de su relación con Cristo”

En la sociedad actual, no se considera importante la ética personal. Muchos mienten para proteger su empleo o para tener ventaja en un trato comercial. Viven conforme a lo que se les resultó mejor en ese momento. Otros piensan que no hay nada malo en las personas inmorales siempre y cuando no afecte el desempeño de su trabajo. Pero Dios siempre ha tenido una norma ética para su pueblo. Cuando Cristo vino, fortaleció las leyes de Dios como fundamento de la conducta moral. La Palabra de Dios es clara: Los creyentes deben de vivir conforme a las normas morales de la Palabra de Dios. El término “ética” viene del griego “tha ethica” que son los asuntos morales, y se deriva de hechos igual costumbre. La ética es la parte de la filosofía que trata de la moral y las obligaciones del hombre. Es la “creencia de la conducta”. Es una actitud constante dirigida hacia un fin. Viene a ser el código de reglas o principios morales que rigen la conducta considerando las acciones de los seres humanos con referencia a su justicia o injusticia, a su tendencia al bien o a su tendencia al mal. Así decimos que la ética es la normativa, porque busca un ideal o norma según el cual pueden formular las reglas y las leyes de la conducta.
1.       Los mandamientos de Dios:
a.       Basados en la ley: Nuestra norma ética personal necesita un fundamento en un código formal de conducta ajeno a nosotros. Para el judío, ese código de conducta era la ley; tenían un manual de la vida moral en su mundo. Muchos judíos decían que las enseñanzas de Jesús estaban en contra de la ley, pero Jesús  afirmó que él no vino a abrogar la ley sino a cumplirla (Mateo 5:17.18)
¿De qué manera cumplió Jesucristo la ley?
La declaración que hace Jesús en el v.17 se refiere a las leyes morales que conformó mediante sus enseñanzas. Es importante comprender que Jesucristo es el cumplimiento de la ley; ella señala hacia Él. La ley tenía un aspecto reglamentario y uno profético. A este último aspecto se refiere Jesús. Jesús dijo: “hasta que pasaran el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasaría de la ley hasta que toda se hubiese cumplido.
b.       Más allá de la ley: Somos salvos solo por la fe en Cristo. La salvación por la gracia no abrogó la ley, sino que en Cristo somos liberados de la esclavitud de la ley (Gálatas 3:10-14). Aunque no tenemos que obedecer la ley para ser salvos, cuando andamos conforme al Espíritu, cumplimos los justos requisitos de la ley (Romanos 8:4). Subrayando la importancia de la obediencia a las normas morales de la ley, Jesús condenó a quienes quebrantaban el más pequeño mandamiento de la ley. También condenó a  quienes enseñaban a los demás a quebrantar la ley. (Mateo 5:19) esa tal vez  sea una ilusión a los fariseos (Mateo 23:1-36, 15:1-9,14). Jesucristo quiere que nuestra conducta y nuestras actitudes muestren nuestra obediencia a la Palabra de Dios porque esta es el fundamento de nuestra norma de conducta y de filosofía moral. Las enseñanzas de Jesús defendían a ley moral revelada por medio de Moisés, una revelación de Dios que no cambia. Un cristiano que rechaza la ley moral revelada por el Antiguo Testamento está rechazando, según las normas de Jesús, la Palabra de Dios.
2.       Comunidad de fe: (Efesios 2:19-20)
a.       Un cuerpo: En Cristo, Dios nos ha hecho de todos los creyentes “un solo cuerpo” (Efesios 2:16); Gracias a la obra de Cristo en la cruz, todos los creyentes son conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (v.19). Aunque todos somos diferentes, como miembros del cuerpo tenemos algo en común, el fundamento (v.20). La frase “El fundamento de los apóstoles y profetas” indica el fundamento de la enseñanza ética en la Iglesia. La palabra profética y la enseñanza apostólica son el fundamento de nuestra fe cristiana. Los apóstoles son testigos presenciales del ministerio terrenal de Cristo, y proclaman la libertad del evangelio a dondequiera que iban. Cristo es el fundamento de nuestras normas éticas las que nos proporcionan la estabilidad necesaria para vivir en santidad en el mundo impío.
b.       Un edificio nuevo: La obra constante de Cristo consiste en que cada miembro de la Iglesia tiene que ser limpiado por la sangre de Cristo y ser apartado para él. Dios quiere que todos los cristianos sean santos, se armonicen y proclamen su presencia en el mundo. La Iglesia es un lugar de renovación y adoración
3.       Formación del carácter (Efesios 4:17-19)
a.       Vida nueva: Nuestra ética personal no es simplemente teórica, la ponemos en práctica en nuestra vida cada día, mostrando la obra trasformadora de Dios en nuestra vida. Antes de conocer a Cristo nuestro entendimiento estaba entenebrecido  por la dureza del corazón, estábamos ciegos por  causa de nuestra ignorancia y falta de entendimiento respecto a la vida nueva que pudiéramos tener en Cristo, por lo tanto nos alejamos de Dios.

b.       Carácter transformado: Como creyentes, se ha trasformado nuestra vida y no hemos de vivir como los gentiles en la vanidad de sus mentes, Cristo está transformando nuestra mente. Por lo tanto debemos despojarnos de la pasada manera de vivir. La renovación de nuestra mente es un proceso continuo de toda  la vida, que los que le rodeen notarán la obra trasformadora de Cristo en usted y la vida nueva que usted tiene en Él, en CRISTO. Amén.

Ética en las relaciones

Perteneciente o relativo a la ética conforme a los principios de la moral
            De la ética se pueden mencionar muchos aspectos referentes a nuestra conducta. En la clase anterior estudiábamos que para la sociedad actual no se consideraba importante la ética personal, pero para el creyente estas son de mucha importancia, porque gracias a  estas relaciones con los demás, tenemos la oportunidad de hablarles de Jesucristo. Tenemos también la oportunidad de ayudar a crecer a los hermanos en la fe en su andar espiritual. La Biblia, la Palabra de Dios nos presenta principios de ética moral con los que podemos fortalecer nuestras relaciones con los demás, entre estos principios tenemos:
  • Responsabilidad: es muy importante la responsabilidad sobre todo  en lo económico. En (2Cor. 8:16-21) nos habla del apóstol Pablo que conociendo la necesidad de las Iglesias de Macedonia instó a los hermanos de Corinto a ofrendar para dichos hermanos, teniendo el cuidado de no emplear mal los fondos de quienes apoyaban su ministerio. Los capítulos 8 y 9 de segunda de Corintios son instrucciones de Pablo para los corintios respecto a una ofrenda para los pobres y el apóstol detalla como planeaba administrar esa ofrenda. Otros tres hombres viajaban con Pablo mientras recogía y llevaba esos fondos; Tito, ya conocido por los corintios estaba dispuesto a ayudar, y otros dos que se mencionaban, aunque nos refleja sus nombres pero eran bien conocidos y tenían una reputación excelente entre las Iglesias.
  • Respeto: en primera de Timoteo  5:1-3 nos insta a tratar con respeto a los demás. Timoteo era un joven pastor a quién Pablo había dejado en Éfeso para que resolvieran los problemas en las Iglesias de allí. Al enfrentarse a esos problemas Timoteo iba a tener que disciplinar a algunos en la Iglesia. Y no siempre es fácil confrontar a los demás. Pablo advierte a Timoteo que no fuera Irrespetuoso en sus relaciones con los demás y le emplea la analogía de la familia para describir la relación de Timoteo con estos diversos grupos ancianos, jóvenes, ancianas y jovencitas. Si había que reprender a los ancianos no hacerlo con aspereza  sino exhortarlos como a padres, a los jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres y a las jovencitas como a hermanas y luego añade “con toda pureza”. Como creyentes, nuestra vida ha de caracterizarse por amor a los demás. Ese amor se manifiesta por la forma en que tratamos a quienes nos rodean.
  • Lealtad: en primera de Samuel 20:11-17 leímos que Jonatán y David se reunieron para analizar la actitud de Saúl hacia David. Él le pidió a Jonatán que no lo entregara a Saúl y que lo mantuviera informado respecto a la actitud de Saúl con él, Jonatán prometió hacerle saber a David lo que ocurriera. David y Jonatán tenían una amistad basada en el amor y el respeto mutuo. Es probable que Jonatán reconociera la presencia y la unión de Dios en la vida de David, sabía que no podía hacerle daño al que Dios había ungido rey. La lealtad de Jonatán a David fue una expresión de su fe en Dios. El amor es el fundamento de la lealtad, al igual que es el fundamento de toda la ética cristiana. También la lealtad se fundamenta en la confianza, David confió en Jonatán y la lealtad de Jonatán no eran simples palabras sino acciones consecuentes.


Como creyentes nuestra vida debe revelar la presencia de Dios en nuestras relaciones. Esas declaraciones se caracterizan por el amor, porque hemos sentido el amor de Dios. Amén.