Todo fue creado por Dios de
acuerdo con el orden y el propósito de sus designios divinos
Toda persona, aunque sus ratos de
meditación no sean muchos ni muy frecuentes, se pregunta alguna vez quién creó
todas las cosas, cómo llegaron éstas a ser, quién las puso en movimiento, y
otras preguntas semejantes. El mundo es tan maravilloso en su orden, tan bello
en sus manifestaciones naturales, tan complejo aún en las partes que parecen
más elementales, qué tal parecería que nadie pudiera negar la intervención de
un Dios omnipotente y de orden.
Dios crea el universo:
(Génesis 1:1) Moisés sin discutir un
asunto, simple y majestuosamente establece que Dios es, y que es creador del universo. La idea de Dios es el centro
del universo espiritual. La palabra traducida Dios es Elohim, que es plural en
número, algunos piensan que ésta es una referencia a la Trinidad. Otros versículos
parecen enseñar que hay diálogo y consejo en Dios mismo. (Génesis 1:26 “Hagamos
al hombre a nuestra imagen”, Génesis 3.22; “El hombre es como uno de
Nosotros”). Aunque no pueda probarse que la palabra traducida creó
significa etimológicamente “crear de la nada”, sin embargo, sea cual sea su
origen y etimología, nunca se usa sino para referirse al acto de Dios. (Génesis
1:2) De este versículo en adelante la narración tiene que ver con la tierra
solamente, que existía en un estado de caos. No precisamente en desorden y
confusión sino en una condición primitiva sin ninguna criatura viviente y sin
que un elemento fuese distinto de los otros. Los materiales estaban allí todos,
pero en estado latente. Y el Espíritu de Dios cobija la faz de las aguas como para
vivificarlas y, después de los actos creadores de Dios, convertir el caos en un
cosmos, un mundo de maravillas. Se movía ocurre también en Deuteronomio
32:11, en donde se aplica a un águila revoloteando sobre sus pollos.
En el origen de este
vasto universo está el Espíritu vivificante que conoce y ordena todo el cosmos.
Esta convicción nos hará ver el mundo no como algo frío e impersonal en el cual
la materia es suprema, sino como el hogar que el Padre nos ha provisto.
Y Dios dijo: sea la
luz, y fue la luz. En este hablar de Dios se ve el poder legislativo y el poder
ejecutivo de su voluntad. Se despeja toda noción de materia ciega y de
fatalismo: revela un poder iluminado, un pensamiento benévolo e inteligente. La
luz es obra de una voluntad libre e inteligente, es elemental como distinta de
“las lumbreras”, cuerpos de luz como el Sol, la Luna y las estrellas, creadas
al cuarto día. Es condición fundamental para toda la vida orgánica del mundo, y
sin la luz y calor que despide no habría planta ni animal que pudiera vivir. En
Génesis 1:6 Dios realiza la división de la masa caótica de aguas mediante la
formación de la expansión o firmamento. Se le compara con “una cortina” (Salmos
104:2; Isaías 40:22); un embaldosado de zafiro (Éxodo 24:10), “un espejo fundido”
(Job 37:18). Génesis 1:14 nos anuncia que la tarea de las luminarias están bien
definidas: a) Separar el día de la noche; b) Servir de señales para las
estaciones; y c) Para señalar días y años. El quinto día creó Dios los monstruos
marinos y toda ave alada según su especie. El día sexto fue ocupado en la
creación de todos los animales de la tierra y el ganado según su especie y todo
ello era bueno.
Dios crea al hombre:
Dijo Dios: Hagamos al hombre a
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. La imagen y semejanza tienen que
ser en virtud de la espiritualidad de Dios afirmada en muchos pasajes de la
escritura (Deuteronomio 4:12; Isaías 40:18,25; Juan 4:24), la naturaleza
espiritual del hombre: la posesión de una naturaleza racional, su naturaleza
moral, su naturaleza emocional y la posesión. Además, esa imagen incluye su
capacidad para hacer decisiones y escoger su libertad. No debe olvidarse que el
hombre fue creado inocente, libre de pecado y gozando de una santidad no sujeta
a prueba todavía.
Dios descansa de su obra creadora:
Fueron, pues, acabados los cielos y
la Tierra y el ejército de ellos. Este versículo recapitula todo lo narrado en
el capítulo primero. La palabra ejército (hueste) se refiere poéticamente a los
cuerpos celestiales, en nuestro sistema colocados todos ellos por la sabiduría
divina. Dios terminó su obra creadora en el sexto día; y reposó ese día de toda
obra que hizo. Reposó significativamente para cambiar de actividad. Jesús dijo:
“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17).
Y bendijo Dios al día
séptimo y lo santificó. El día de reposo fue hecho por causa del hombre (Marcos
2:27,28) a fin de que descansara de sus labores de seis días y dedicará ese
tiempo para adorar al Señor.
El principio fundamental de esta santificación del día es: “Hombre,
acuérdate que eres un ser espiritual. Por tanto, separa tiempo para atender
propiamente a esa naturaleza espiritual tuya”. Amén.
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